2009/10/21

y sus ojos expresaban una infinita tristeza...

La verdad es que la semana pasada ya pasé dos días especialmente horrorosos y los de ayer y hoy, no han sido para menos... Por primera vez dos lágrimas han recorrido mis mejillas al medio día por motivos de trabajo y, por primera vez también y que es mucho peor, he pensado que le ensartaba como un limaco a un niño. Lo cual me ha hecho plantearme muchisimas cosas, me tiene competamente embajonado animicamente (creo que lo arrastro en parte desde la semana anterior) y con muchas dudas respecto a todo. Le he llamado a mi madre para explicarle que hace dos semanas que no paso por allí, porque no soy capaz de mirar a mis abuelos y decirles que estoy bien cuando no lo estoy.

Hoy los profesores me han dicho al medio día que se me veía en la cara que no estaba bien y, sé yo que se me nota mucho cuando no estoy bien o cuando estoy enfermo, porque cambia mucho mi cara (sobre todo porque pierde toda su espresividad afable y sonriente). Y, lo que me han dicho, ha acrecentado mis dudas y mi bajón anímico. Lo cual me ha hecho volver a salir con una tensión y un malestar de la escuela considerable que es por lo que me he planteado lo de la baja por estres, depresión, o porqwue si sigo pudiera acabar venciendo la lucha la hijaputa de la hormona de la adrenalina... De hecho esta noche anterior no he dormido, con lo que a mi me suele afectar el no descansar bien en periodos de trabajo... y, aunque a la tarde me he tomado una tila doble, no s he dormido mejor esta noche... Estoy con una gran sensación de quemazón en el pecho, un quemazón que parece quemar algo que había en mi, produciendome una sensación de vacío que alcanza en momentos el vértigo... Es una soledad infinita y un vacío estructural.

Supongo que será el mismo vacío estructural que me hizo meterme a educador viendo el panorama y el que, en asquerosos momentos, te planteas si no sería mejor un curro de 9 a 5 sin ninguna representación ni preocupación social, sin tratr de cambiar nada, pero sin que nadie te pueda machacar animicamente tal y como me machaca la mierda de sistema educativo y el reflejo de éste en la clase. Porque, si bien es cierto, que yo he acabado llorando el día de hoy por una clase de animalidades asalvajadas de las que no sé si algun día alguien se ocupó; también es cierto que alguien permitió que eso sucediera y que mis alumnas son el resultado de esa dejadez social que permite que se creen guetos, escuelas marginales,etc. Sin ningún tipo de duda puedo asegurar que más de un alumno de mi clase no tardará mucho en entrar en la carcel con parientes suyos cercanos si no cambia mucho el modo de actuación de esa escuela, de los profesionales de 9 a 5 que hay ahí y del resto del sistema que permite todo lo que allí y en otros colegios está pasando.

Pero, sin ningún tipo de duda, tambien puedo asegurar que yo, mínima parte de esta sociedad, sin ayuda, no soy capaz de cambiar nada; lo cual, en vista de la poca ayuda que recibimos las personas implicadas, no sé si no es mejor guardar la salud y que se coman su mierda y hacer lo que mejor te enseña a hacer la sociedad: PASAR. Sobre todo porque no tengo ninguna gana de acabar ni esquizofrénico perdido ni en una carcel; y tal como están las cosas, muchas salidas no hay.

Y los políticos mientras que sigan discutiendo como anormales que no dejan de ser de los modelos lingüísticos en pro de Una Grande y Libre... Antes o después os va a saltar toda la mierda de guetificación que estais creando en pos de una idea absurda, en la boca. Entonces, ya no olerá mal, OS ESTAREIS COMIENDO VUESTRA PROPIA MIERDA! Ah, que ostias, que no. Si lo que pasa es que la mierda nos está estallando en la boca a los profesionales que vamos a trabajar a la escuela, nos traemos el trabajo a casa, dormimos en la cama pensando en el trabajo y, a la mañana siguiente, cambiamos el trabajo soñado, por el trabajo realizado en la escuela. Es cierto, ya se ocupan los politicos de hacer cambios de legislatura a legislatura, cada vez que cambi el partido en poder, para decir que lo que había iba mal poner otra cosa que no dista de la primera y así lvarse las manos. Mientras, el resto y las familias preocupadas, comemos mierda sin saber a quién tenemos que linchar...


2009/10/08

El Estuche - Aterciopelados (Colombia)

Fijate que casuañidad que despues de escribir ese cuento me pasa Selene esta canción que le recordó mi cuento...:D

2009/10/06

El Estuche con Gafas

En un mundo de estuches de moda, estuches rosas o azules, con grandes estrellas amarillas, flores de colores o personajes famosos; había un estuche con gafas de pasta y naranja en su totalidad, gafas nada modernas ni sugerentes, por cierto. Era un estuche del cual todos los demás estuches insistían en reírse. Para bien o para mal, al estuche naranja le había tocado vivir en un mundo azul y rosa con el que no se sentía identificado y del cual, mediante burlas por su color y su atuendo, quedaba un tanto excluido.

Todos los demás estuches llevaban diferentes bolis de colores llamativos y exóticos, bolis lilas, bolis turquesas... en fin, una amalgama interminable de bolis. También solían portar exultantes gomas de borrar con cucos dibujitos y formas variopintas aunque, por lo general, poco efectivas, pues no borraban nada de nada. Todos; bueno todos salvo nuestro estuche naranja que no llevaba más que dos bolis, una goma, un lápiz y un sacapuntas de lo más normalitos.

Claro, siendo así, tan diferente, no podía más que resultar gracioso a los ojos sin gafas de los demás estuches. Tangrafi ¿ Había mencionado que se llamaba así nuestro estuche naranja? Bueno, como os contaba: Tangrafi, o Tanfi para los amigos que no parecían abundarle, era un estuche singular en un mundo de estuches fashion. Un estuche sencillo por fuera, con lo necesario por dentro y con espacio suficiente para acoger todas las cosas útiles y necesarias, portadoras de nuevos conocimientos, que pudieran serle útiles en alguna etapa de su vida.

Sin embargo, Tanfi no era feliz porque, no vamos a engañarnos, sí que le preocupaba no tener apenas amigos y que, además, se rieran de él. Aunque, al mirar a su alrededor, tampoco tenía muy claro que quisiera ser amigo de aquellos chulescos estuches, ya que lo único que hacían era pasarse el día mirándose unos a otros y comparando las novedades que cada día portaban. Veía que se pasaban el día tan preocupados de llevar la última goma de borrar del mercado, o el boli con el color más extravagante para que los mirasen que apenas tenían tiempo para percibir la hermosura que les rodeaba, mucho más allá de sus propios colores y diseños. ¿Cómo iba a buscar amistad entre aquellos que, en vez de ayudarse entre ellos, estaban ensimismados en una continua competición?

Pero, un día, todo aquello cambió inesperadamente. Por el mundo de estuches pasó una persona que se dedicaba a la exploración de nuevos mundos y que necesitaba un estuche. Y, tras observar los que allí estaban, escogió al más útil de todos, aquel que podía acompañarle en sus expediciones llevando consigo estrictamente lo necesario, aquel que era capaz de observar con sus anteojos las cosas que ella pudiera no ver y que, además, tenía espacio para futuras cosas que pudiera necesitar meter. Tanfi, se vio embarcado así en una vida de continuas y sorprendentes aventuras. Mundos de descubrimiento y conocimiento: selvas, desiertos, discotecas y conciertos. Y allí donde esa persona le llevaba, además de aprender nuevas cosas, se encontraba con estuches de otras personas que con la que a él le llevaba, en diferentes sitios, coincidían. De este modo fue conociendo estuches de otras aventureras, de artistas, de sabios escritores y de entregados novelistas. Conoció estuches muy interesantes que le trasportaban a otros mundos sin necesidad de visitarlos, que le hacían reflexionar sobre las cosas que le rodeaban, estuches de diferentes colores, formas y aspectos, pero con un denominador común, eran estuches con mundo, estuches útiles e interesantes.

Tanfi pasó su vida viendo lugares y conociendo gente muy diversa, años intensos la verdad, pero como a todos nos pasa, el uso y el tiempo le fueron deteriorando hasta dejarlo descolorido y deshilachado, sin vista y casi sin espacio en su interior. Era el fin de sus tiempos y la persona que lo había transportado hasta ese entonces, decidió que era el momento de deshacerse de él.

Al llegar al vertedero, Tanfi, se encontró a algunos de los estuches con quienes había compartido sus primeros años de vida en el mundo de estuches; pintarrajeados por fuera y sin nada en su interior, pero aun así, decidió acercarse a donde ellos y preguntarles por el tiempo que habían pasado separados. Le resultó sorprendente la desoladora realidad que les había acompañado en un insulso mes de vida inútil a lo más, que le habían dado sus respectivos dueños. Resultó que aquellos estuches tan competitivos y tan poco competentes, habían sido abandonados en cuanto la moda de sus colores había pasado; habiéndose reducido, por tanto, a no más de uno o dos meses de vida. Una vida aburrida, rutinaria y carente de sentido en la que lo más entretenido de cada día era el momento en que alguien grafiteaba sus lomos. Una vida de desasosiego y estrés constante por ver quién tenía más, de quién poseía colores más extravagantes y por ver quién era el más observado.

Sin embargo, a Tanfi no le había preocupado si le veían o no y, no obstante, él sí que había visto muchos lugares y estuches. Nunca le había preocupado ni dado vergüenza con quién hablaba y, por eso, haciendo una retrospectiva en su vida, veía la cantidad de estuches, personas interesantes y ratos divertidos que había compartido. Pero sin llegar a contárselo a los demás estuches, con ese pensamiento terminó de llenar la minúscula cavidad que le quedaba, habiendo llegado así al culmen de su intensa vida y dejando su espacio a otros estuches.