2008/12/11

SM & S

Pese a que el Sado-Masoquismo sea un tema muy interesante al que poderle dedicar un porrón de lineas no voy a hablar de ello ahora mismo, sino que escrbiré sobre "La Seductora Moral y sobre La Seducción" y lo censurable, moralmente, que es ésta. Creo que voy a usar el pellorativo social del SM para referirme a esta prática sexoreplicante que encierra a las personas, pero sobre todo a las mujeres, en una doble moral en el arte de la seducción heterosexual, así como la obligatoriedad de que lo impuesto a ellas sea, a su vez, obligatorio objeto de deseo para ellos.

Voy a hablar, entre cosas más concretas, de la moral heteronormativa y de la educastración en la que vivimos.

Bien es sabido por todas que "enseñar" [cuerpo] es de guarras y de machos, con las connotaciones negativas que tiene para ellas y las positivas que tiene para el resto. Pero también es sabido que si no enseñas no luces y sin lucir no seduces. Con lo que sin seducir no podrás inducir y, sin esto último, será imposible conseguir. ¿Cómo? Pues eso, que sin enseñar no se llega a que nadie se fije en tí y, por tanto, no llega ni el sapo azul, ni el sexo dorado que no deja de ser para muchas una penetración vaginal sin mayor estímulo ni placer. Bueno, eso es lo que nos venden a todas... La verdad y realidad de cada una puede demostrarnos efectos muy diversos sobre el resto y relaciones muy variopintas que no tienen porque basarse en el Ancestral Arte de la Seducción Heterosexual.

El AASH estaba basado en que ellas tenían que estar encantadas de gustar a la gente y ellos tenían que buscar a quien les gustase, es decir, a quien "les calentase" mostrandoles elfruto prohibido que, normalmente, suele ser el que más tienta como bien nos explica la biblia. Lo cual, me hace pensar, que si realmente tan pernicioso les parece a los curas y jerarquías ecleseasticas el sexo, podrían aplicarse sus enseñanzas para no prohibirlo, puesto que ya saben mediante las enseñanzas y experiencias de Adan y Eva que es lo que vamos a estar buscando durante toda la vida siempe y cuando eso nos resulte morboso, prohibido, tabú de exclusividad para las adultas.

En fin, bromas aparte, este ancestral arte, exige a las mujeres que enseñen pero culpavilizandolas de hacerlo, es decir, les ha obligado durante siglos a vestir con ropa que no era cómoda para nada en concreto, sobre todo, teniendo en cuenta que debían mantener las piernas bien juntas y las rodillas bien apretadas para "que no se viera". Además, las faldas y vestidos eran una trampilla abierta a un lugar "sagrado" y prohibido, no lo ocultaban del todo, puesto que únicamente sería revelado en caso de hacer cosas prohibidas [que casualmente eran algunas de las más divertidas y dinámicas], como subir a los árboles, correr a gran velocidad, abrir las piernas en zancadas, saltar a las compañeras de juego "al potro", sentarse con olgura entre las piernas, etc. Se les prohibía, por tanto, la movilidad y lso espacios abiertos, en los que fueron integrandose los hombres con pantalones.

No es casualidad que se pregunte hoy en día quien lleva lso pantalones en casa, no porque el que los lleve mande, sino porque el que los lleva "puede hacer" y las que estaban obligadas a vestir con otra prenda tenían vetada la posibilidad de hacer nada que no fuera secundario, "de mujeres". Patético.

Bueno, como decía, tenían que mantener todo bien apretado, pero al mismo tiempo tenían la obligación de seducir y permanecer puras, inmaculadas... tenían que ser y no ser, estar pero no, decir no (porque moralmente se les exigía) pero dejarse hacer porque "en el fondo querían" (ya que la moral social exigía que si un hombre quería ella también había de querer). Y, todo esto, nos lleva a la sinrazón de las violaciones, agresiones, etc. que vemos hoy en día; que a todo el mundo alteran pero que nadie busca la raiz de éstas. No se vislumbran soluciones más allá del asistencialismo.

Hoy en día, incluso, todavía podemos ver cómo esa doble moral que imperaba antes, pese a mutaciones, sigue vigente. Han cambiado el corte del hábito de la monja, pero sin dejar servir a dios y a la moral que, mediante la jerarquía culturo-ecleseastica, nos sigue dominando y, sin dejar de ser monja, por supuesto. A la mujer se le han vendido nuevas ropas de diseño, y se le ha dicho que puede enseñar más. Más, pero... cuidado!!! no todo. ¿Por qué no todo? Porque la misma moral arcaica sigue vigente. No hay más razones, no tiene lógica alguna la argumentación que se hace para defender el no poder mostrar el cuerpo de cada una tal cual es, sin censuras, sin ropas que aprieten aquí o allá para darle una forma artificial en pro de una estética convencional por la que suponen que hemos de regirnos todas. No tiene más sentido ni lógica y, prácticamente, por no decir en todos los casos, acaba apelandose a una moral que suponen ha de ser necesaria.

No nos fijamos en las personas sencillas, el morbo que tienen más allá de su desnaturalizada e inconvencional estética, la naturalidad de la expresión de sus rostros, de la dulzura de sus cuerpos no transformados, de sus cuerpos, no de los que han creado a partir de las modelos que rigen las vidas estéticas del resto de las personas de sexo mujer y costrucción femenina. Para la tele, para la sociedad, para la moral estas personas no son mujeres, son ovejas descarriadas que devolver al redil. Y, sin embargo, es esa hermosura, esa sencillez estética la que puede crear el mayor de los placeres, el placer de la libertad. De elección, de expresión o de vestimenta incluso, pues alguien que puede vestirse de un modo que transgrede la norma dominante de continuo, le cuesta más bien poco, cambiar a lo convencional en un día puntual, porque su cuerpo se lo pide, o las ganas de transformar, transvestir o, incluso, parodiar la estética dominante pueden ser suficiente aliciente para elegir una u otra tipología de ropa, consciente, siempre de lo que une a una, otra o a ambas en unos u otros cuerpos.

Recuperando lo que dije al principio sobre satirizar con la pellorativa concepción del SM, podría concluir que la estética dominante es una forma que utiliza la gente como método de auto-satisfacción y refuerzo de la auto-satisfacción del resto de las personas que nos rodean, mientras que, al mismo tiempo, es una forma tortuosa de sentir, a veces conscientemente o, a veces, de un modo inconsciente, la carencia de posibilidades que nos da el encerrarnos en un roll que se preestablece para cada sexo y asumir la estética que nos corresponde, por el imperativo moral que levantará un rechazo social hacia la persona que la trasgreda; siendo, por tanto, mucho más facil no alejarse de ésta que vivir una vida de transgresión estética o ideal continuada. Al menos eso parece ser lo que piensa una parte importante de la población, aunque a mí, concretamente, me crea mis dudas.

Dudas, razonables o no, según consideración de cada cual, pero que no dejan de hacerme pensar en lo equivocada que está algunas veces la sociedad que, pretende hacerme (hacernos) pensar que somos nosotras las que vivimos amargadas, preocupadas por ser diferentes, por sentirnos diferentes y diferenciadas. Pues, no sé en el caso del resto, por ellas no puedo hablar, pero lo haré por mí misma: No sólo vivo bien la diferencia, la sencillez estética y la transgresión ideológica a la heteronormativa imperante, sino que pienso que el hecho de mantenerme en mis trece durante unos años, me ha llevado a un punto dónde, en la nula valoración de la estética convencional agena y, por supuesto, en gran medida también la propia, ha llegado al otorgamiento de importancia cero a la opinión del resto hacia mi propia estética, hacia mis formas de pensar que distan mucho de las suyas, hacia mi falta de complejos ni pudores respecto a mi cuerpo que, según su concepción estética, seguramente no sea ningún ideal. He llegado al punto de sin tratar de convencer a nadie, pues me interesa más bien poco, y no creo que pueda convencerse a alguien que previamente no pudiera estar pensando cosas parecidas a las que plasmas en tu vida. Es decir, no creo que pueda convencerse a nadie, tan solo se refuerzan los argumentos de las personas que ya, previamente, pensaban en un sentido u otro, más o menos, de un modo similar al tuyo, lo mismo que yo refuerzo los mios a partir de las conversaciones con otras personas cercanas a mí. Por eso, paso de doctrinas y de personas que tratan de imponerme cosas, da igual de la índole que sean. Si tratan de imponerlas es que con razonamientos no iban a lograr metermelas.

Al llegar al punto supremo de la no preocupación por cosas que considero estupideces, me encuentro con mucho más tiempo para dedicar a otras que, sin ser socialmente entendidas como más importantes, me resultan más gratificantes, más lógicas (de algún modo), más prácticas y resolutivas para las personas que me rodean. Cosas que las personas que cada tres meses tienen que estar pensando en cual es la ropa de esa temporada o qué tienen que hacer con sus piernas en cada momento no creo que puedan llegar a entender, salvo que empiecen a dedicar tiempo a otras cosas...

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