2010/01/30

Ahora el gobierno nos quiere robar 2 años más de vida!

En la soberana omnisciencia de la clase política, exactamente de estos que ostentan cargos en el parlamento español, esta gente que, tras dejar su cargo, poseen sueldos vitalicios que posibilita que no tengan que preocuparse demasiado. Esta gente ha tenido la, indudablemente, brillante idea de que la clase currela tendrá que trabajar dos años más para poder mantener a las ciudadanas en edad de jubilación de los próximos, al menos, 30 años. Puesto que todo el mundo tiene derecho a jubilarse y disfrutar de parte de su vida sin trabajo, surgen en mi mente, principalmente, dos ideas que me apetece compartir:

Primera: A mi trabajar hasta los 67 años para mantener a gente que se lo ha currado toda su vida me parece estupendo. Ahora, trabajar hasta esa edad para alimentar y mantener a toda persona en edad de jubilación e, incluso, a gente que no ha llegado a dicha edad, no me lo parece tanto. No me parece justo que tengamos que alimentar, por ejemplo, a las alimañas de empresarios, políticos y realeza que sin pegar un palo al agua y tras pasarse la vida explotando al resto, tienen pensiones por edad, sueldos vitalicios por cargos ostentados o dinero ahorrado por el sudor de la frente agena.

Segunda: Lo que, ni por asomo, me parece bien es que si yo tengo que trabajar hasta los 67 para mantener a otra gente, la que venga detrás de mi, a la siguiente generacion, la van a  tener que esclavizar hasta los setenta o más, ya que según ellos la pirámide demográfica seguirá siendo descendente. Esto quiere decir que siempre habrá más ancianas que jóvenes, por lo que, siguiendo esa misma logica política y, por supuesto, anti-lógica social,  habrá que ir aumentando irremediablemente, cada cierto tiempo, la edad de jubilación. Simplemente porque no quieren cambiar el modelo económico y social. Y, obviamente, no quieren hacerlo porque a esos mismos que nos proponen trabajar más les beneficia que así sea.

En este sentido, estas dos ideas me me llevan a la siguiente reflexión:

Obviamente, para mi siempre ha contado menos el dinero que el tiempo libre y, por eso, me pregunto: ¿por qué no se quitan sus sueldos vitalicios y trabajan ellos que además deberían cotizar más ya que cobran de igual manera, bastante más que la media? ¿por qué no ponen a trabajar al Rey y su familia de chupopteras alimañas a trabajar en la mina, para praticar con el ejemplo, hasta los 70?. Ya que si los demás hemos de trabajar hasta los sesenta y siete, ellos que se creen ejemplo del pueblo, debieran hacerlo más que la clase media. A más sueldo más años trabajados, ¿no? según la lógica social y anti-lógica política, parece tener mucho más sentido, ya que de esta manera, con un menor sufrimiento de personas ya que la clase alta son menos, viviriamos mejor la mayoría y disfrutariamos de muchos más años de jubilación.

Claro que de esta manera el dinero, seguramente, habría perdido todo su valor, la gente empezaría a valorar más el tiempo libre y, entonces, ¿para qué le serviría alos ricos el dinero si, siendo tan ricos debieran trabajar hasta el día de su muerte? ¿quién querría ser rico? ¿sería más rico quien más dinero tiene o quien de más tiempo libre disfruta?

Politicos, si realmente quereis hacer algo por el pueblo al que decís representar, ¿por qué no desbancais al rey y os poneis, Él y vosotros, junto con los empresarios, a dar ejemplo trabajando catorce horas hasta los 67? Miradlo por el lado bueno, quizás de aquí a cincuenta años nos hayais convencido... Por ahora, va a trabajar hasta los 67, vuestra puta madre!!!!

que asco de clase politica!!!!!

2010/01/02

Cruce de Caminos en la Octava Dimensión


La Octava Dimensión donde se desarrolla la siguiente historía, no es una dimensión paralela, no es otra dimensión, tan siquiera; es una dimensión bicircular en la que algunas veces nos podemos encontrar... Algunas personas habreis pasado una u otra vez por este cruce de la ruta 8 de la octava dimensión, seguro que reconoceis el paisaje y a las personas; son ellas y lo sabeis porque vosotras estuvisteis allí.En un día soleado con escasas nuves altas y cierta brisa proveniente del oeste, es en el clima que se desarrolla, en un cruce de caminos en forma de aspa, formado por el cruce de dos caminos terrosos de colores ocres y amarillentos y de bacheado firme; a esto de las 17:10 de la tarde en un cruce sin señalización y hacia la inmensidad, el escenario.

Muchas veces antes, tantísimas personas pasaron por ese mismo cruce de carreteras; tantísimas personas que, a su vez, provenían de tantos y tan diferentes rincones del mundo. Personas que se habían cedido el paso, personas que casi se accidentan por no cederlo, personas que por las prisas ni se fijaron que en el camino, en la dirección opuesta, venía otra gente. Gente que nunca se preocupó del cruce porque le preocupaba, únicamente, su propio destino y las personas que allí les esperaban.

Sin embargo, aquella tarde de tonos fuxias reflejados en las nubes, mezclados con los rojos y amarillos intensos del atardecer, había algo diferente. Era el mismo cruce, los mismos baches y el mismo color de la tierra, con tonos un poco más oscuros a causa de la hora. El mismo lugar a las 17:10 de una fresca tarde de diciembre. Ahí se encontraron  tres personas, dos con momentaneas prisas por llegar a un atardecer ya finalizado y, otra, con un sumo sosiego por haberse parado a ver aquellos hermosos e impresionantes colores justamente, ese día en aquel preciso lugar. Sin embargo, pese a las prisas de unas y la tranquilidad y abstracción del mundo de la otra, sus caminos se encontraron en ese preciso cruce de la carretera 8 de la octava dimensión.

Cruzaron unas palabras, no muchó más de 20 minutos, sin embargo, algo les decía a ambas partes que, en un cruce en aspa de dos carreteras, había cambiado la dirección de sus caminos. No eran meros vehiculos que cruzaron sus vidas por un instante. Aunque fueron solo veinte minutos, el cruce de la octava dimensión había hecho acto de presencia con su magia, su singular forma de agradecer esas formas de ser menos egoistas, más comunicativas y empáticas. La octava dimensión había cambiado sus direcciones, por un tiempo había unido los caminos, los viajes, de aquellas singulares viajeras que sin destino concreto, prefirieron disfrutar del tiempo juntas que del plan establecido o del destino marcado. Unió sus singularidades en aquel singular cruce.

El cruce de la octava dimensión hacia la inmensidad, donde casi siempre cruzaban sus vidas las transeuntes sin emoción ni reciprocidad alguna; con su capacidad mágica con la que impresionar y emocionar a las personas, convirtió el camino a la inmensidad en un cruce octofórmico inmenso, en el cual los caminos de esas personas que compartieron un instante fantástico en la vida volvería a encontrarse...