Un blog para que las personas, abiertas dementes, tengamos un espacio para reflexionar sobre el género, el sexo, la sexualidad, la educación, etc.
2009/06/30
Porque hay cosas que nos dan fuerzas increibles
2009/06/29
2009/06/24
2009/06/23
2009/06/22
2009/06/19
La Isla de Sierta
2009/06/16
El tintineo de sus ojos cual millar de centelleos estelares en el cosmos
Nada más, nadie más, nunca más. No había nada más que sus ojos y sus labios perdidos en la inmensidad de mi imaginación que se mezclaban con la evidente realidad que me transmitía al contarme los últimos sucesos de su vida. No había sociedad más alejada a nosotras que nuestras únicas vidas por las que nos interrogabamos mutuamente con interés recíproco. El tiempo, tampoco había certeza de que pasase, salvo por el incesante ir de jarras vacías de cerveza que volvían llenas en pocos minutos.
No había nada más. Dos cuerpos que en poco tiempo vieron reducida la distancia que les separaba haciendo más cercanos por momentos los polos del universo que representaban. Dos polos a pocos milimetros el uno del otro. Pero sin llegar a alcanzarse. Sintiendo yo la distancia con nostalgia, pues a pesar de estar a un susurro de distancia, sentirse no se sentía sino el ardiente y sensual contacto del aliento de sus palabras en mis mejillas.
¿Acaso faltó algo más aquella noche?... No obstante, fue una noche estupenda.
2009/06/11
2009/06/10
2009/06/09
Cuando Vernos Reflejados en el Espejo nos Asusta
Imaginaos que el tiempo lo repartían en años de doce meses, meses que tenían cuatro semanas de siete días cada una. Las vacaciones de las más pequeñas habitantes del país eran en verano, con le calor y el sol. Tiempo que en su mayoría, el resto, se lo pasaban trabajando. Los fines de semana tenían dos días que se solían usar para el descanso. Las unidades más pequeñas de tiempo las medían en días que se dividían en horas; que a su vez podían diseccionar en minutos o segundos. Como veis no era diferente al resto. De hecho los habitantes de este país no vivían ni más ni menos que los del resto.
Era un país normal, pese a que para sus habitantes fuese el mejor país del mundo; en éste también había gente con más y gente con menos, pobre y no tan pobre. De vez en cuando robaban o agredían a alguien; incluso, algunas veces se oían casos de violaciones o secuestros. Un país normal, ni mejor ni peor que el resto.
Me supongo que en el resto, al igual que en este, las infantes serían las que tenían los sueños en sus labios, en su mente y en sus pasos; y, que al igual que en este, al crecer, la espontaneidad, la capacidad soñadora de un mundo diferente y fantástico se iba perdiendo en cada tropiezo de las torpes piernas que nos sostienen. Sí, diría que era un país más. Pero no más ni menos bueno que los demás; simplemente uno más: el mío.
El problema venía siendo cuando al ser el país de alguien, el de una misma, parece que tenía que ser mejor que el del resto. Parece que fuera imprescindible compararlo. Parece que el propio tiene que ser más grande, más belicoso, más hermoso, más soleado o, en su caso, lluvioso. Siempre ha de ser más, no uno más sino más en comparativa con los demás. Pero, no, simplemente, pesase a quién pesase, era uno más. Con su idioma, su cultura, su historia propia, no ajena al resto pero propia.
En fin que me pierdo con descripciones. Decía que era un país tan igual al resto que no podían, al igual que hacían en el de sus vecinos, dejar de compararse con ellos, sin darse cuenta que el dar sostenibilidad a esa actitud recíproca, todavía se convertían en más similares.
2009/06/08
Charlando con La Madre
Sino, mirad lo que me decía La Madre el otro día:
“Pasa por delante de mí mi vida a pasos agigantados, como decís vosotras: cual rayo en una tormenta de verano; ha sido un visto y no visto. Parece que fue ayer cuando todo tuvo origen. Ayer, sí fue ayer, cuando empecé mi circular andadura. No, tú no puedes verlo, aunque ahora estás presente. Efectivamente, tus abuelas, tatarabuelas y ancestras, en general, tampoco han sido capaces de observarlo pese a que vivieron mucho antes que tú e, incluso, muchos más años de los 26 que tú ahora tienes. Pero, al igual que tu me has permitido ver en un suspiro tu vida, déjame que te cuente en otro, yo, un resumen de la mía, algo de lo que no eres capaz de ver con tus minúsculos ojos salvo que te pares a escuchar un rato.
Date cuenta que tu crees que estás hablando con una, pero que yo no soy tal. Yo soy muchas o, si lo prefieres, una en continuo proceso de cambio. El problema viene siendo el tiempo, el que a vuestros ojos me sobra, pero a mí se me ha pasado volando. ¿Cuantos años dices que tenía tu abuelo cuando murió? Sí, bueno, a tus ojos sería viejo con 85 años. Tu abuelo murió con 85, pero yo a pesar de los que tengo aun soy joven. No tienes más que ver la energía que tengo cuando me muevo: Puede que sea violento el movimiento, pero date cuenta que cuando a vosotras os intentan hacer algo que no os gusta os revolvéis, avisáis de ese modo a quién os arremete de que está haciendo mal. Sin embargo, yo me muevo estrepitosamente y, sin embargo, nadie me escucha.
Entiendo que te extrañe que te diga que no soy una, pero ten en cuenta que yo albergo a muchas en mi interior y, dependiendo de cómo me sienta tratada, reacciono de un modo u otro. Bueno, supongo que como vosotras cuando os sentís enfermas; digo yo que no os reaccionara el cuerpo igual que cuando estáis bien y a gusto. ¿Ves? Pues a mí me pasa lo mismo.
Piensa que hay distintos tamaños en mi interior, distintas partes de mí misma que quieren ser como yo, pero sin poder alcanzar mi tamaño y eso que soy pequeñísima si me comparas con otros. Hay seres inmensos, verdaderos Titanes, en mi interior. De diferentes formas, diferentes olores, texturas; pero ninguno es menos importante. No sé como podrías entenderlo: tal vez, si pensases en todos los órganos vitales de tu interior, los glóbulos rojos que dan cohesión y vida a todos ellos llevándoles sangre, los glóbulos blancos que cuidan de que nada malo suceda y las plaquetas que cicatrizan los mal cuidados y heridos cuerpos. Y, no digamos nada de los víruses y las bacterias, sin las cuales tendríais unos cuerpos enclenques y sin defensas. ¿Entiendes ahora? En tu interior tienes una multitud de ecosistemas, de tamaños formas y texturas diferentes; pero sin ellos no podrías ser tú y, ellos, son tú sin poder tener tu tamaño, porque sin ellos no eres nada.
Pues eso mismo me pasa a mí, en otro tamaño, con otros órganos vitales, otros conductores de flujo sanguíneo, otros cicatrizantes y otros sistemas víricos y parasitarios. El problema es que, salvo que alguien se pare a escucharme, por lo general nadie quiere saber de mis necesidades que, si lo piensas bien, no distan en absoluto de las vuestras.
En fin, trataré de ubicarte:
Mi Pulmón principal, pues el resto me lo habéis arrancado y he de sobrevivir con uno, está en Sudamérica, en La Selva Amazónica. Mi sistema de flujo sanguíneo fluye desde Las Fosas Avísales de cada uno de los océanos, pasando por los polos y, desemboca en cada una de las rías por la que se introduce la vida en los órganos vitales de mi ser. No tienes más que seguir su curso para ver las capilares donde terminan mis venas acuosas. Lo que siempre me ha resultado curioso es porque vosotras hacéis la lectura reversa de mis ríos y riachuelos, pensando que nacen en los montes y mueren en el mar. ¿Nadie os explicó nunca que la vida empezó en los océanos? En fin, sois unos micro-seres curiosos. Como te decía, las capilares acuosas llegan hasta las montañas, dándoles vida y dejando usar sus cauces para desechar y limpiar el exceso de sustratos y materias sobrantes que son de suma importancia en los océanos. Sin embargo, algunas estructuras que construís no permiten terminar ese ciclo sin contaminarlo.
Sigamos: situémonos, estábamos en las montañas, donde hay grandes ecosistemas de fauna y flora que se retroalimentan los unos a los otros de modo circular. Son sistemas circulares muy rápidos y pequeños si los comparas con otros en los que me sumerge el cosmos. Eso que llamáis año, por ejemplo, que no es más que un paseo de mañana para mí y, a vosotras, os parece una unidad grande de tiempo. Supongo que será por vuestro reducido tamaño.
¿Los virus que me atacan? Bueno, desde el cariño, he de decir que de algún modo, vosotras os estáis comportando como lo que, vosotras, llamáis enfermedad vírica. Contamináis mi sangre con enfermedades nuevas cada mes, contamináis mis verdes prados con pesticidas, llenáis de agujeros mi sensible piel de ozono. Mis hermanas de esta familia que llamáis sistema solar, como si se pudiera diferenciar en algo de vuestras familias nucleares, empiezan a verme enferma y se empiezan a preocupar, con la edad que tengo, del tiempo que me queda.
Pero como te decía el tiempo que es el mismo concepto que el de velocidad, pues uno no puede entenderse sin el otro, depende del tamaño de quien observa. Con lo cual es difícil temporalizar el tiempo que me queda. Eso sí, es el máximo de tiempo que tenéis vosotras para reconducir vuestros hábitos de vida, pues yo he vivido con diferentes seres en mi interior, pero vosotras no habéis demostrado todavía ser capaces de vivir sin los ecosistemas que me conforman y sin el ecosistema que represento para vosotras; es el tiempo que os queda de vida. En mi opinión no os queda más que una ínfima parte de mi vida… Me has escuchado un suspiro de mi tiempo, una eternidad del tuyo y, ahora, tú ya lo sabes, ”
2009/06/07
2009/06/06
2009/06/04
2009/06/03
Dos Soles Azules en Su Primer Amanecer
Abrí los ojos y allí estaban; dos soles azules, inmensos, que me deslumbraban con su viveza y entusiasmo. Oí sonidos familiares, la voz que, en seguida, uní a aquellos ojos celestes, brillantes. Algunos de los sonidos eran poesía en mis oídos. Podría ser porque rimaban o porque eran sonidos finos. Me hablaban con una delicadeza tal, que parecía que las palabras que esbozaban sus labios fuesen capaces de destruirme, como sin tan delicada fuese. En el fondo, aunque una voz suave en un principio resulta agradable, puede llegar a parecer que te están tratando como a una ignorante.
Además de esos dos soles celestes, inmensos que me observaban con una energía tal que llegaban a deslumbrarme, había millones de astros a su alrededor que aunque lejanos, eran brillantes, cada uno con su particular brillo y color. Había sonidos que se amontonaban en mi cabeza, provenientes de cada pareja de astros que me observaban como si a cada momento podría ser o fuera a hacer algo nuevo. Yo era la misma. Estaba allí al igual que ellas, pero estaban lejos y no atinaba a distinguirlas con nitidez.
Pero, sobre todos los astros del universo que me rodeaba, estaban esos dos soles azules, calurosos, vivos, que de cerca me observaban. Sentía su calor a mí alrededor, casi como un susurro de cariño que trasmitían dos de sus rayos de luz clara que me envolvían. Sentí su abrazo. No era cualquier abrazo, yo lo sabía, ella también; supongo que por eso me abrazaba de tal manera.
En mi cara podía sentir, mientras sus dos firmes y seguros brazos me abrazaban, que el resto de dorados y finos rayos me trasmitían su calor, como un cosquilleo. Eran rayos dorados de formas rizadas que manaban desde alrededor de esos dos soles azules, para unirse a mí en ese agradable gesto.
¿Qué podría estar pensando para mirarme con tanto ahínco? Esos ojos que me llenaban de calor, cariño y ternura, parecían llenar mi vida de expectativas. ¿Pudiera ser que me librase de ese lastre que cargaban al resto de recién nacidas?
Esos hermosos ojos azules, inmensos y radiantes como soles, eran el destello de la seguridad que me ayudaría a dar mis primeros pasos en esta vida. Eran los soles que alumbraban mi camino. Lo sé, porque me transmitían esa seguridad. Esa tranquilidad que te da el saber que no serás juzgada, sino ayudada, durante el aprendizaje que resulta ser la vida. Esa mano amiga que te abraza siempre que lo necesitas y te da las herramientas para vivir de un modo independiente tu vida. Esos labios sensibles que te susurran cosas hermosas al oído y te remarcan los errores que pudieras cometer en el camino a tiempo, para poder subsanarlos.
Las adultas suelen pensar que no nos damos cuenta. Nos suponen tan ignorantes como para no saber lo que queremos o necesitamos; pero, en gran parte, se confunden. Lo sabemos. Yo, tal y como os narro, lo sabía. Pues en aquel preciso momento, yo, supe que en mi vida nada de eso me faltaría, porque esos ojos clavados en los míos, esos labios que recorrían mi pequeño cuerpo, ese suave y fino sonido que endulzaba mis oídos; las manos que me sostenían y abrazaban y aquella hermosa melena rubia y rizada que cosquilleaba mi cara, me dijeron, en unos pocos minutos, que me darían la oportunidad de ser quien quiera que eligiese ser, que tendría su apoyo y comprensión, que tendría, por supuesto, la ayuda que precisase y mucho amor.